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Preparacionismo: qué es y cómo prepararse de verdad, sin alarmismo

Preparacionismo: reservas de agua, comida y luz ordenadas en casa
32 min de lectura 7963 palabras

Equipo SuperVivencia — Redacción especializada en outdoor, bushcraft y preparación ante emergencias.

SuperVivencia INFOGRAFIA Preparacionismo doméstico Por dónde empezar, en orden PUNTOS CLAVE 1 Qué es el preparacionismo y qué no es 2 Las 72 horas como primer objetivo razonable 3 Agua: cuánta guardar, cómo rotarla y potabilizarla 4 Comida: la mejor reserva es la que ya comes 5 Luz y energía: pilas, baterías y monóxido 6 Plan familiar, evacuación y presupuesto por meses SuperVivencia - Actualizado 2026-09-20
Infografia: resumen visual del articulo

El preparacionismo es organizar tu casa y tu familia para aguantar unos días con normalidad razonable cuando fallan los servicios básicos: luz, agua corriente, carretera, cobertura o suministro de alimentos. No va de escenarios apocalípticos ni de acumular material: va de agua, comida que ya comes, una forma de tener luz, un botiquín, copias de tus documentos, algo de efectivo y un plan que la familia conozca. El primer objetivo razonable son 72 horas de autonomía en casa, y se alcanza con cosas normales compradas a lo largo de unos meses.

Esa es la versión corta. El resto de esta guía es la versión larga, con el orden en que conviene hacer las cosas, lo que se puede medir y lo que no, y los errores que hacen que la gente gaste dinero sin quedarse más preparada. Está escrita para España y para escenarios verosímiles: un apagón que se alarga, una DANA que anega los bajos y corta accesos, una ola de calor con la red al límite, un incendio forestal que obliga a confinarse o a salir, una nevada que deja pueblos incomunicados, una avería que corta el agua del barrio durante dos días, o simplemente una semana en la que no puedes salir de casa. Ninguno de esos casos necesita un relato de colapso para justificar que tengas agua guardada.

Qué es el preparacionismo y qué no es

La palabra arrastra una imagen de búnker, munición y latas para diez años. Esa imagen viene de la televisión, no de lo que hace la mayoría de la gente que se prepara. El preparacionismo doméstico, el que tiene sentido para alguien que vive en un piso de una ciudad española o en una casa de pueblo, se parece mucho más a una buena gestión de la despensa y a tener claros dos o tres teléfonos.

Una definición que se puede usar

Prepararse es reducir tu dependencia de servicios que pueden fallar, durante un tiempo acotado, sin cambiar de vida. Cada palabra de ahí importa. Reducir, no eliminar: nadie es autosuficiente en una ciudad. Servicios que pueden fallar: electricidad, agua potable, gas, telefonía, transporte, tiendas abiertas, farmacia de guardia accesible. Tiempo acotado: horas o días, no años. Sin cambiar de vida: si tu preparación te obliga a comprar comida que no te gusta y a dedicarle los fines de semana, la vas a abandonar.

Qué no es

No es predecir. Nadie puede decirte qué va a pasar ni cuándo, y quien te lo dice suele estar vendiéndote algo. La preparación útil es genérica: la misma agua guardada sirve para un corte por avería, para una inundación y para una semana de gripe fuerte en casa. No hace falta acertar con el escenario para que funcione.

Tampoco es acumular. La diferencia entre una reserva y un almacén es la rotación: una reserva se consume y se repone, un almacén envejece. Las despensas de preparación que acaban en la basura son casi siempre las que se llenaron de una vez, con productos que nadie de la casa come.

Y no es una compra. Es un proceso con un orden. Un cuchillo caro no sustituye a una reserva de agua para tres días, y una mochila táctica llena no sustituye a que tu pareja sepa dónde están las copias del DNI. La parte más valiosa de todo esto no cuesta dinero: es saber qué harías, con quién y por dónde.

La pregunta útil no es qué catástrofe viene, sino cuánto aguanta tu casa sin luz, sin agua y sin poder salir a comprar.

El alarmismo estorba

Hay un mercado entero que vive de la ansiedad, y su efecto secundario es que la gente sensata se aparta del tema por no parecer paranoica. Conviene separar las dos cosas. Guardar agua es tan razonable como tener un extintor o un seguro de hogar: no significa que esperes un incendio, significa que el coste de estar cubierto es bajo. Cuando alguien te vende preparación con un relato de colapso inminente, lo que está haciendo es sustituir criterio por miedo, y el miedo compra mal: compra lo llamativo y se olvida de lo básico.

Para informarte sobre riesgos y autoprotección, la vía sensata son las fuentes oficiales: la web de Protección Civil, los planes de emergencia de tu comunidad autónoma y de tu ayuntamiento, y el 112 como número único de emergencias. Ahí están las recomendaciones específicas por tipo de riesgo y las alertas activas, que es más útil que cualquier lista genérica, incluida esta.

Por dónde empezar: el orden que de verdad importa

Si solo te llevas una idea de este artículo, que sea esta: el orden es agua, luz, comida, salud, documentos, plan. En ese orden. La razón es simple: cada elemento de la lista tiene un plazo distinto en el que te pone en problemas. Sin agua potable tienes un problema serio en dos o tres días. Sin luz, el problema empieza siendo incomodidad y se convierte en riesgo cuando afecta a la nevera, a la medicación refrigerada o a la calefacción. Sin comida aguantas bastante más de lo que crees. Sin documentos, el problema aparece cuando tienes que tratar con una administración o un seguro.

Haz inventario antes de comprar

Antes de gastar un euro, dedica una hora a mirar lo que ya tienes. La mayoría de las casas tienen media preparación hecha sin saberlo: linternas en un cajón, una radio antigua, botellas de agua compradas por costumbre, un botiquín incompleto, un cargador de coche, mantas de más. Escríbelo en una lista y verás que lo que falta es menos de lo que imaginabas. Este paso es el que más ahorra, y es el que casi nadie hace porque no da la satisfacción de comprar algo.

Las 72 horas como primer objetivo

Tres días es el horizonte con el que trabaja casi toda la planificación de emergencias, y es un buen primer objetivo por dos motivos. El primero es práctico: es el tiempo que suele tardar la normalidad en volver en los incidentes locales, o en llegar ayuda organizada cuando el incidente es grande. El segundo es psicológico: 72 horas es alcanzable en unas semanas y con poco dinero, así que se termina. Un objetivo de un mes de autonomía no se termina nunca y se abandona a la mitad.

Cuando tengas las 72 horas cerradas de verdad —no en una lista, sino en casa y comprobado— tiene sentido escalar a una semana. Esa segunda fase ya no es comprar más, es sobre todo rotación, higiene, una forma de cocinar sin gas de red y ampliar el agua. Escalar más allá de una semana solo tiene sentido si vives en un sitio con aislamiento real en invierno o con cortes frecuentes.

Horizontes de preparación y qué cubre cada uno
HorizonteQué tienes que cubrirCómo sabes que ya lo tienes
24 horasLuz autónoma en cada habitación donde duerma alguien, agua potable para un día, comida que se coma sin cocinar, móvil y batería externa cargados, botiquín con lo de uso diario.Puedes apagar el cuadro eléctrico y cenar, lavarte los dientes y acostarte sin buscar nada a tientas.
72 horasAgua para tres días por persona, comida sin nevera ni receta complicada, radio a pilas, efectivo en billetes pequeños, medicación con margen, copias de documentos, plan familiar hablado.Cierras la llave de paso y el cuadro un sábado y llegas al lunes sin salir de casa ni improvisar.
Una semanaRotación establecida por fechas, forma de calentar comida sin gas de red, higiene e inodoro sin agua corriente, abrigo para dormir sin calefacción, agua ampliada y medio de potabilizar.Puedes decir cuánta agua tienes, cuándo caduca lo primero de tu despensa y quién hace qué si hay que salir.

El error de orden más común

Gente con un cuchillo de supervivencia magnífico, una mochila de 60 litros y cero litros de agua guardada. Pasa constantemente, y tiene una explicación: el material de aventura es agradable de comprar y el agua no. Si reconoces el patrón en ti, el arreglo es fácil: no compras nada más hasta que tengas el agua de tres días en casa. Para profundizar en la parte de reservas de agua tenemos una guía específica sobre cuánta agua de emergencia almacenar y cómo hacerlo.

Agua: cuánta guardar, cómo rotarla y cómo potabilizarla

El agua es la parte más incómoda y la más importante. Pesa, ocupa y no se puede sustituir por nada. Al mismo tiempo, es la que da más margen por menos dinero: unas garrafas debajo de una cama cambian por completo tu situación en un corte de suministro.

Cuánta

La referencia de planificación que se usa habitualmente es del orden de dos litros de bebida por persona y día, y algo más si cuentas cocinar y una higiene mínima. Con eso, tres días para una familia de cuatro se van a bastantes garrafas, y ahí es donde la mayoría se echa atrás. Dos matices que ayudan. Primero: no todo tiene que ser agua envasada de bebida; el agua para el inodoro o para lavar puede ser agua no potable almacenada aparte, y en muchos casos basta con llenar la bañera y los cubos cuando hay un aviso previo. Segundo: el calor cambia la cuenta. En una ola de calor se bebe mucho más, así que si vives en una zona donde los veranos son duros, la reserva de verano no puede ser la misma que la de invierno.

Cómo almacenarla y rotarla

Lo más simple funciona: garrafas o botellas de agua mineral en su envase de origen, cerradas, guardadas a oscuras, lejos de fuentes de calor y del suelo si hay riesgo de humedad. El plástico de las garrafas coge sabores, así que no las dejes al lado de productos de limpieza ni en el trastero con la pintura. Reparte la reserva en varios sitios en lugar de concentrarla: si un mueble se moja o se rompe una garrafa, no pierdes todo.

La rotación es lo que mantiene la reserva viva. La forma que no falla es integrarla en la compra normal: bebes de la reserva y repones con la compra semanal, de modo que el agua nunca tiene más de unos meses. Si en cambio guardas garrafas rellenadas en casa con agua del grifo, el intervalo tiene que ser mucho más corto y el envase debe estar limpio y bien cerrado; el agua del grifo no viene esterilizada y el cloro se va con el tiempo. Marca cada envase con la fecha en la que lo guardaste, con rotulador, en un sitio visible. Sin fecha, la rotación no ocurre.

Potabilizar: qué resuelve cada método y qué no

Un corte de agua no siempre significa que no salga agua: a veces sale y no es potable, y entonces recibes un aviso municipal de no consumo. Para eso conviene tener al menos dos formas de tratar agua, porque cada método deja cosas fuera.

Métodos de potabilización: qué resuelve cada uno y sus límites
MétodoQué resuelveLímites que hay que conocer
Hervir (ebullición mantenida unos minutos)Bacterias, virus y protozoos.No elimina productos químicos, metales, nitratos ni sal. Consume combustible y tiempo. El agua turbia hay que filtrarla antes por un paño. Deja sabor plano.
Pastillas o gotas desinfectantes (base cloro)Bacterias y virus, si se respetan dosis y tiempo de espera.Poco fiables frente a algunos protozoos resistentes. Necesitan agua clara para funcionar. Dejan sabor. No eliminan químicos. Caducan, así que entran en la rotación.
Filtro de fibra hueca (poro del orden de 0,1-0,2 micras según fabricante)Bacterias y protozoos, con caudal inmediato y sin esperar.No retiene virus. Se colmata con agua turbia y hay que retrolavarlo. Si se congela con agua dentro, las fibras se rompen y deja de proteger sin que se note.
Carbón activadoSabor, olor, cloro y parte de los compuestos orgánicos.No es un desinfectante: por sí solo no hace potable un agua contaminada biológicamente. Se agota y hay que cambiar el cartucho.
DestilaciónPrácticamente todo, incluidas sales y muchos químicos.Lenta, consume mucha energía y da poco volumen. Solo tiene sentido en casos muy concretos.

La combinación práctica para una casa es sencilla: reserva envasada como primera línea, un filtro de fibra hueca pequeño para tratar agua de grifo bajo aviso de no consumo, y pastillas como respaldo por si el filtro falla o hace falta tratar más volumen. Si te interesa la parte de equipo, hemos analizado purificadores de agua baratos para supervivencia y outdoor y el funcionamiento de las distintas familias en agua potable en emergencias.

Lo que no hay que hacer con el agua

No reutilices envases que hayan contenido leche, zumo o cualquier bebida azucarada: por bien que los laves, quedan restos y el agua se estropea. No guardes agua en garrafas de las que usa la industria para productos químicos. No confíes en que el calentador te dé agua potable indefinidamente. Y no cuentes con el pozo del pueblo o con la fuente del parque: en un corte generalizado no eres el único que va a tener esa idea, y el agua sin tratar de una fuente no vigilada no es agua potable.

Comida: la mejor reserva es la que ya comes

Aquí es donde se tira más dinero. El mercado empuja hacia raciones liofilizadas de larga duración y cubos precintados con menús para semanas. Tienen su lugar —son ligeros y duran mucho, lo que las hace razonables para una mochila o para una segunda línea—, pero como base de la reserva doméstica son una mala idea: cuestan mucho por caloría, no se rotan porque nadie los abre, y cuando llega el momento de usarlas descubres que a tus hijos no les gustan.

El criterio

La reserva buena es una despensa profunda de comida normal. Compra un poco más de lo que consumes de los productos que ya usas y que aguantan meses sin nevera: legumbre cocida en conserva, legumbre seca, arroz, pasta, conservas de pescado, tomate, aceite, harina, azúcar, sal, leche de larga duración o en polvo, café o infusiones, frutos secos, galletas, pan de molde de larga duración, purés y sopas de sobre, miel, mermelada, conservas de verdura. Con esa lista y sin comprar nada especializado tienes una semana resuelta y cero riesgo de que se eche a perder, porque se va consumiendo.

Un armario ordenado con comida que te gusta vale más que un kit precintado que no has abierto nunca.

Rotación: primero en entrar, primero en salir

La regla es la de cualquier almacén: lo que compras va detrás y lo que está más cerca de caducar se pone delante y se usa. Si organizas la despensa así, la rotación es automática y no necesitas revisiones periódicas. Si no puedes, al menos agrupa por fecha y pon una nota con la más próxima. Dos precisiones útiles: la fecha de consumo preferente no es una fecha de caducidad y muchos productos secos siguen siendo perfectamente comestibles después, mientras que la fecha de caducidad de los productos frescos o de las conservas dañadas sí es una línea que no se cruza. Y ojo con las latas: una lata abombada, oxidada en la costura o que pierde se tira sin abrirla, sin importar la fecha.

Comer sin nevera y sin gas

Un apagón largo convierte la nevera y el congelador en un reloj. Lo que conviene tener decidido de antemano: no abrir el congelador, que aguanta bastantes horas cerrado y lleno; cocinar y consumir primero lo de la nevera y luego lo del congelador según se descongela; y no recongelar nada que se haya descongelado del todo. Si el corte se alarga y no tienes forma de mantener el frío, lo que hay que salvar es la seguridad alimentaria, no el valor de la compra.

Para cocinar sin gas de red, un hornillo pequeño de gas en cartucho o de alcohol resuelve el agua caliente y una comida sencilla, pero con una condición que no admite excepciones y que verás repetida en el apartado de energía: nunca en un espacio cerrado sin ventilación real, y nunca para calentar. Si no quieres asumir esa parte, la alternativa es tener comida que no necesite cocinarse, que es más de la que parece. Si te interesa profundizar en la parte de reservas, tenemos una guía sobre comida de emergencia de larga duración y cómo almacenarla y otra sobre comida liofilizada para quien quiera una segunda línea ligera.

Lo que se olvida siempre

El abrelatas manual. Parece una broma y no lo es: media despensa de conservas se vuelve inaccesible si el único abrelatas de la casa es eléctrico o si el de la navaja multiusos se rompe. Junto a él, las mismas ausencias se repiten: sal, aceite, especias y algo dulce. Comer tres días exclusivamente arroz blanco y atún al natural desmoraliza mucho más de lo que se anticipa, y el ánimo forma parte de la preparación.

Luz y energía cuando se va la red

Un apagón de dos horas es una anécdota. Uno de dos días cambia la vida doméstica entera: no hay luz, no hay ascensor, no hay bomba de agua en los edificios altos, la nevera se calienta, el móvil se agota, el portero automático no abre, los datáfonos de las tiendas no funcionan y las antenas de telefonía van con baterías que se acaban. La preparación en este apartado es barata y da mucho resultado.

Luz: una por persona y de cabeza

La regla que mejor funciona es una linterna por persona, y que al menos una por adulto sea frontal, de cabeza. La razón es práctica: con una linterna de mano tienes una mano ocupada, y a oscuras necesitas las dos para cocinar, curar una herida o sujetar a un niño. Añade un farol o una lámpara de ambiente para la habitación donde vayáis a estar, porque un haz directo cansa. Y guarda las linternas siempre en el mismo sitio, conocido por todos y alcanzable sin luz: una linterna que no encuentras no existe.

Pilas y baterías

Simplifica formatos. Si tus linternas, la radio y el medidor de glucosa usan tres formatos distintos de pila, vas a tener stock de uno y ninguno de los otros justo cuando haga falta. Elige aparatos que compartan formato, guarda las pilas en su blíster o en una caja, no sueltas en un cajón con monedas, y sácalas de los aparatos que vayan a estar meses sin usarse para que no se sulfaten.

Una batería externa de buena capacidad, cargada, resuelve varios días de móvil si usas el teléfono con cabeza: modo avión o de ahorro, brillo bajo, sin vídeo. Ten también el cargador de coche, que convierte el coche en una fuente de carga mientras tenga combustible, y un panel solar pequeño si vives en un sitio con sol y quieres un respaldo que no dependa de nada más. La dinamo de manivela de algunas radios da para llamadas cortas, no para vivir del móvil.

Generadores y estaciones de energía: las precauciones reales

Un generador de combustión es una herramienta seria con dos riesgos que la gente subestima. El primero es el monóxido de carbono: un generador nunca funciona dentro de casa, ni en un garaje, ni en un trastero, ni en un porche cerrado, ni junto a una ventana o un respiradero por los que el gas pueda entrar. Los accidentes graves con generadores casi siempre son intoxicaciones, no averías. El segundo es la conexión: enchufar un generador a la instalación de la vivienda sin un sistema de conmutación adecuado puede devolver corriente a la red y poner en peligro a quien esté trabajando en ella, además de destrozar aparatos. Si no tienes claro cómo se hace, la respuesta es que lo mire un instalador, no un vídeo.

Además hay que almacenar combustible, y eso tiene sus propias reglas de cantidad, recipiente y ubicación, con normativa local que conviene consultar. Para un piso, sumando todo, un generador rara vez tiene sentido. Una estación de energía portátil con baterías —sin combustión, sin humos— es más apropiada en interior y suficiente para luz, móviles, un portátil y aparatos pequeños; no para un aire acondicionado ni una vitrocerámica. Si en casa hay un dispositivo médico que depende de la corriente, ese es el caso en el que merece la pena estudiarla en serio, y conviene consultarlo con el servicio que lo prescribe.

Monóxido de carbono: la advertencia que hay que interiorizar

Merece un apartado propio porque es el riesgo que más se materializa en apagones y olas de frío. El monóxido no huele, no se ve y no irrita: los primeros síntomas son dolor de cabeza, náuseas y somnolencia, que es exactamente lo que se confunde con estar cansado y acostarse. Lo producen todos los aparatos de combustión: hornillos de gas o alcohol, barbacoas y braseros, estufas de gas sin salida de humos, calderas mal ventiladas, generadores. Las reglas son cortas y no tienen excepciones: nada de combustión para calentar un espacio cerrado; barbacoas y braseros, jamás en interior; hornillos solo con ventilación cruzada real y vigilados; y un detector de monóxido a pilas es un aparato barato que en una casa con gas o con estufas vale exactamente lo que cuesta. Ante sospecha de intoxicación: salir al aire libre, ventilar y llamar al 112.

Calor, frío y el resto de la casa

La temperatura es el segundo problema después del agua, y cambia mucho según dónde vivas. Un apagón de invierno en el interior peninsular no se parece en nada a uno de agosto en el sur.

Frío sin calefacción

La estrategia correcta no es calentar la casa, es calentar a las personas y reducir el espacio. Cierra habitaciones que no uses, concentra a la familia en la estancia más pequeña y mejor orientada, tapa rendijas de puertas y ventanas con toallas, cierra persianas por la noche y ábrelas al sol si da. Capas de ropa, ropa térmica, gorro —la cabeza pierde mucho calor—, calcetines secos y mantas. Un saco de dormir bueno es, para esto, más útil que una estufa: aísla y no necesita combustible. Dormir todos en la misma habitación no es un plan de emergencia dramático, es termodinámica.

Calor sin aire acondicionado

Al contrario: bloquear el sol desde fuera si puedes, persianas y toldos bajados durante el día, ventilar de madrugada y de noche, plantas bajas y pasillos interiores como refugio, ropa ligera, paños húmedos en nuca y muñecas, y mucha agua. La franja de riesgo real son las personas mayores, los bebés, quien toma determinada medicación y quien vive solo, y el factor que decide no es el equipo sino que alguien pase a ver cómo están. Si hay medicación que debe conservarse en frío, pregunta en la farmacia o al médico cuánto tiempo tolera fuera de la nevera y con qué margen: esa respuesta hay que tenerla antes, no durante.

Higiene y saneamiento

La parte que nadie quiere pensar y que se convierte en el problema principal a partir del segundo día sin agua corriente. Con cortes de agua, el inodoro sigue funcionando si le echas un cubo, así que tener agua no potable almacenada para eso resuelve mucho. Añade gel hidroalcohólico, jabón, toallitas, bolsas de basura resistentes, papel de sobra, lejía para desinfectar superficies y compresas, tampones o pañales según la casa. Si el corte es porque hay riesgo de contaminación de la red, no laves alimentos ni te cepilles los dientes con agua del grifo hasta que el ayuntamiento levante el aviso.

La casa misma

Hay preparación que no se compra, se aprende una vez. Saber dónde está la llave general del agua y cerrarla. Saber dónde está el cuadro eléctrico y qué diferencial corresponde a qué. Saber dónde está la llave de gas. Tener un extintor accesible y saber usarlo. Tener una vía de salida despejada. En zona de inundación, saber qué se sube a una planta alta y en qué orden, y no bajar nunca a un garaje o sótano que se está anegando. En zona de riesgo sísmico —el sureste peninsular y algunas áreas del sur—, fijar muebles altos a la pared y no dejar objetos pesados sobre las cabeceras de las camas. Esas cuatro cosas cuestan una tarde y valen más que la mitad del material que se vende.

Botiquín, medicación, documentos y efectivo

Este bloque es el que marca la diferencia entre una molestia y un problema serio, y es casi todo papeleo y previsión, no compras.

El botiquín que sirve

Los botiquines precintados de 200 piezas están llenos de apósitos de tamaños que nunca usas. Un botiquín útil se construye alrededor de lo que de verdad pasa en casa: cortes, quemaduras pequeñas, golpes, dolor de cabeza, fiebre, diarrea, alergias, ampollas. Gasas y compresas de varios tamaños, esparadrapo, vendas, tiritas, suero fisiológico en monodosis, antiséptico, guantes, tijeras, pinzas, termómetro, una manta térmica y una bolsa de frío instantáneo cubren la mayoría de los casos. Conviene revisar caducidades una vez al año, aprovechando el cambio de hora o cualquier fecha que recuerdes, y reponer lo gastado en el momento, no «cuando vaya a la farmacia». Si quieres una lista más detallada, la tenemos en la guía de botiquín de emergencia completo.

Y dos límites importantes. Uno: un botiquín no convierte a nadie en sanitario. Aprender primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar en un curso con prácticas, de los que ofrecen Cruz Roja, ayuntamientos o mutuas, rinde más que cualquier material. Dos: nada de medicamentos sujetos a receta acumulados «por si acaso». Ni antibióticos guardados de un tratamiento anterior, ni medicación de otra persona. Eso no es preparación, es un riesgo sanitario y además es ilegal dispensarlo así.

Tu medicación

Si alguien en casa toma medicación crónica, esto es lo primero de todo, por delante del agua. Habla con tu médico o con la farmacia sobre cómo mantener un margen razonable sin desabastecer a nadie ni acumular de más, y ten escrito en un papel el nombre del principio activo —no solo la marca—, la dosis y la pauta de cada persona. Ese papel, en un apagón sin acceso a la historia clínica digital, es lo que permite que te atiendan bien. Añade informes recientes resumidos, alergias medicamentosas, y el material asociado: tiras de glucosa, agujas, inhaladores de repuesto, autoinyector de adrenalina si hay alergia grave, pilas del audífono, gafas de repuesto.

Documentos y copias

Una inundación o un incendio no solo destruyen cosas: destruyen papeles, y recomponerlos después es un calvario administrativo. La solución es de bajo coste. Escanea o fotografía DNI, pasaporte, libro de familia, cartilla sanitaria, títulos, escrituras o contrato de alquiler, pólizas de seguro con su número, últimos recibos de suministros, cartilla del veterinario y fichas médicas. Guarda tres copias: una en el móvil, una en la nube y una impresa en un sobre resistente al agua dentro de casa, junto a algo de efectivo. Si puedes, deja una cuarta en casa de un familiar que viva en otra zona. Añade una lista de teléfonos en papel: familia, seguro, médico, administrador de la finca, ayuntamiento. Los teléfonos que solo están en la memoria del móvil desaparecen con el móvil.

Efectivo

En un apagón los datáfonos no cobran y los cajeros no dan. No hace falta una caja fuerte: una cantidad modesta que puedas permitirte tener quieta, en billetes pequeños y monedas para poder pagar exacto, resuelve compras de urgencia, un taxi o una farmacia. En billetes grandes no sirve, porque nadie va a tener cambio. Guárdala separada de los documentos y no la conviertas en el fondo de emergencia de la familia: son cosas distintas.

Comunicación, radio y plan familiar

La parte que no cuesta dinero y que casi nadie hace. Sin ella, todo lo anterior queda a medias, porque la preparación individual se desmonta en cuanto hay más de una persona en la casa y cada una improvisa por su lado.

Por qué una radio

En un incidente amplio el móvil falla por tres vías: se queda sin batería, la antena se queda sin corriente, o la red se congestiona porque todo el mundo llama a la vez. La radio convencional a pilas no depende de ninguna de las tres. Los avisos de las autoridades y las instrucciones de autoprotección se difunden también por FM, así que una radio pequeña con FM y AM, pilas del mismo formato que tus linternas y respaldo de dinamo o solar te mantiene informado cuando no tienes nada más. Compruébala una vez: que sintoniza en tu casa, que sabes en qué frecuencia está la emisora de referencia de tu zona, y que las pilas están. Si quieres comparar tipos, lo vemos en la guía de radios de emergencia y cuál comprar en España.

El plan familiar en una hoja

Escríbelo. En un folio, pegado dentro de un armario y con copia en el móvil de cada uno. Tiene que responder a cinco preguntas: qué hacemos si pasa mientras estamos separados; dónde nos encontramos; a quién avisamos; quién recoge a los niños y del colegio de quién; y qué nos llevamos si hay que salir. Dos puntos de encuentro: uno cerca de casa, a la vista, para una evacuación rápida del edificio; y otro fuera del barrio, por si no se puede llegar a la zona. Un contacto de referencia que viva lejos, porque las líneas locales se saturan antes que las de larga distancia, y al que todos llamen o escriban para decir que están bien; un mensaje de texto pasa cuando una llamada no. Y a quién avisáis de que no os vais a mover de casa, para que nadie os busque.

Si tu plan depende de que todos los miembros de la familia tengan cobertura en ese momento, no es un plan.

Simulacros, sin dramatismo

Un simulacro doméstico es una tarde, no un ejercicio militar. Baja el interruptor general un sábado por la tarde y cenad con lo que haya y con las linternas. Vas a descubrir en dos horas más carencias que en dos meses de listas: que la linterna del cajón no tiene pilas, que el hornillo no tiene cartucho compatible, que nadie sabe dónde está la llave del agua, que el abrelatas era eléctrico. Hazlo una vez al año y cuenta a los niños qué estáis haciendo y por qué, en tono de juego y sin relatos de miedo: un niño que sabe que hay un plan está más tranquilo, no menos. Aprovecha para repasar el punto de encuentro y comprobar que las copias de los documentos están donde deben.

Los vecinos

La red más útil en un incidente local es el rellano. Saber quién vive solo, quién tiene más de ochenta años, quién depende de un aparato eléctrico y quién tiene una furgoneta cambia lo que se puede hacer en las primeras horas, y es información que se consigue hablando, no comprando. En un edificio, ponerse de acuerdo para tener una linterna en el portal, saber quién guarda la llave del cuarto de contadores y tener un grupo de mensajería de la escalera vale más que cualquier equipo individual.

Mochila de evacuación y casos particulares

La mochila de evacuación es el elemento más famoso del preparacionismo y el más sobrevalorado. Para la mayoría de la gente, en la mayoría de los escenarios, lo correcto es quedarse en casa: confinarse es más seguro que salir a una carretera cortada o a una ciudad sin semáforos. La mochila es para el caso concreto en el que quedarse no es opción.

Cuándo tiene sentido

Si vives en una zona inundable, cerca de un cauce o de una rambla, en un bajo o en un sótano. Si tienes monte con riesgo de incendio cerca de casa. Si vives al lado de una instalación industrial con plan de emergencia exterior. Si estás en una zona de riesgo sísmico apreciable. En esos casos, que te pidan salir con poco margen es un escenario real y conviene tener el bulto hecho. Si no estás en ninguno de esos casos, una bolsa ligera con documentos, medicación y cargadores cumple de sobra.

Qué lleva y qué pesa

El límite lo pone tu espalda, no la lista: tienes que poder cargarla andando y con una mano libre, y si en casa hay niños, alguien va a llevar también a un niño. Dentro: copias de documentos y efectivo, medicación con su pauta escrita, agua para el trayecto, comida que no haya que cocinar, linterna frontal con pilas, batería externa y cable, una muda y calcetines, abrigo y chubasquero, manta térmica, botiquín pequeño, higiene mínima, silbato, las llaves de casa y del coche, y un mapa en papel de la zona si no conoces las salidas. Nada más. Cada vez que le añades algo «por si acaso», la mochila se vuelve un poco menos utilizable. Revísala dos veces al año y cambia la ropa por la de la estación. Lo desarrollamos en la guía de mochila de evacuación y en la de kit de evacuación familiar para 72 horas.

Piso pequeño y sin trastero

El caso más común en España y el que menos se aborda. Prioriza lo que ocupa poco y resuelve mucho: linternas de cabeza, batería externa, botiquín compacto, medicación, documentos, efectivo y radio pequeña caben en una caja de zapatos. El problema es el agua, y se resuelve buscando volumen muerto: bajo las camas, detrás del sofá, en el fondo de los armarios altos, en el hueco sobre la puerta del baño, en una banqueta con almacenaje. Compensa el poco volumen con capacidad de tratar agua, que ocupa mucho menos: un filtro pequeño y pastillas. Y aprovecha la despensa profunda, que en un piso es el almacén más eficiente que existe porque se rota sola.

Con niños

Los niños añaden necesidades muy concretas y todas previsibles. Comida que acepten —en una emergencia no es el momento de introducir alimentos nuevos—, leche o fórmula si la toman, pañales y toallitas con margen, higiene, una linterna propia que sea suya, y algo que les entretenga sin pantalla: cartas, un libro, un cuaderno. Explícales el plan de forma sencilla: qué hacemos si pasa esto, dónde nos vemos, a quién hacen caso si los padres no están. En los colegios hay protocolos propios; conviene saber cuál es el del tuyo y quién está autorizado a recogerlos.

Con personas mayores o con movilidad reducida

Aquí la preparación es sobre todo logística. Medicación con margen y su pauta escrita, informe médico resumido, gafas y audífonos con pilas de repuesto, bastón o andador accesible sin luz, y una silla ligera si hay que esperar. Si vive en un piso alto sin ascensor, hay que pensar de antemano cómo se baja, con quién y en cuánto tiempo, porque improvisarlo no funciona. Si usa un aparato eléctrico —concentrador de oxígeno, CPAP, grúa—, ese es el caso que justifica un respaldo de energía, y hay que hablarlo con el servicio que lo prescribe. Añade el número del centro de salud y el del servicio de teleasistencia si lo tiene.

Con mascotas

Pienso y agua propios, contados aparte de los de la familia, porque si no se comparten y salen mal las dos cuentas. Transportín accesible y no enterrado en el trastero, correa y bozal si lo necesita, comedero plegable, bolsas, medicación y la cartilla con la identificación y el microchip, más una foto reciente del animal por si se pierde. Si hay que salir de casa, averigua antes qué alojamientos admiten animales en tu zona: resolverlo con el coche cargado es tarde.

Presupuesto, errores típicos y qué no hace falta

No vamos a darte cifras de gasto porque cualquier importe que pusiéramos aquí sería inventado: depende de cuántos seáis, de dónde vivas, de lo que ya tengas en casa y de lo que cueste cada cosa el día que la compres. Lo que sí se puede dar es el reparto y el orden, que es donde está el ahorro de verdad.

Cómo repartir el gasto por meses

Fija una cantidad pequeña y constante, la que no te obligue a renunciar a nada, y gástala en este orden, sin saltar de fase hasta cerrar la anterior:

  • Mes 1 — agua y luz. Reserva de agua para tres días por persona y una linterna de cabeza por persona con sus pilas. Nada más.
  • Mes 2 — despensa y salud. Compra doble de diez o doce productos que ya consumes y que aguantan; completa el botiquín con lo que falte y revisa caducidades; asegura el margen de la medicación crónica hablándolo con tu médico.
  • Mes 3 — información y papeles. Radio a pilas, batería externa, copias de documentos en tres sitios, lista de teléfonos en papel, efectivo en billetes pequeños.
  • Mes 4 — agua avanzada e higiene. Filtro pequeño, pastillas potabilizadoras, lejía, bolsas resistentes, jabón y lo de higiene personal de la casa.
  • Mes 5 — frío, calor y cocina. Sacos de dormir o mantas de más, ropa térmica, y una forma de calentar comida con las precauciones del apartado de energía.
  • Mes 6 — plan y simulacro. Coste cero. Escribe el plan, haz el simulacro de una tarde, corrige lo que falle y anota lo que tengas que reponer.

A partir de ahí, la fase siguiente es mantenimiento: rotar, revisar dos veces al año y ampliar solo donde el simulacro te haya señalado un agujero. Si quieres una versión centrada en gastar poco, lo tratamos en preparacionismo barato, y la lista de referencia para tres días está en kit de emergencia de 72 horas.

Errores típicos

  • Comprar material caro antes de tener agua y un plan. El más frecuente y el más costoso. El material vistoso da sensación de preparación sin darla.
  • Acumular sin rotar. Una despensa que no se toca es una despensa que caduca. Sin fechas visibles y sin la regla de primero en entrar, primero en salir, la reserva se convierte en basura en dos años.
  • Depender de un solo dispositivo. Una única linterna, un único filtro, un único cargador, un único móvil con todos los documentos. Todo lo que solo tienes una vez es un punto de fallo; lo básico va duplicado o con un método alternativo detrás.
  • Preparar solo para el escenario de moda. La preparación genérica sirve para todo; la específica de un escenario concreto solo sirve si aciertas.
  • No probar nada. Material sin estrenar en un momento de tensión falla o no se sabe usar. El hornillo hay que encenderlo una vez, el filtro hay que montarlo una vez, la radio hay que sintonizarla una vez.
  • Guardarlo todo en el mismo sitio. Si ese sitio se inunda, se quema o queda inaccesible, has perdido la preparación entera.
  • No contárselo a nadie de casa. Una reserva que solo conoce una persona no funciona cuando esa persona no está.
  • Convertirlo en una fuente de ansiedad. Si informarte sobre riesgos te está quitando el sueño, has pasado de prepararte a alimentar el miedo, y eso no mejora tu situación material lo más mínimo.

Qué no hace falta

Casi todo lo que sale en las fotos. Chalecos tácticos, machetes, kits precintados con cien piezas, raciones militares como base de la despensa, filtros dimensionados para un refugio en un piso de sesenta metros, mochilas de setenta litros que no vas a poder cargar. Nada de eso resuelve un apagón ni un corte de agua. Y hay una categoría que hay que descartar de plano: el material de uso regulado. Armas de cualquier tipo, determinados sprays y dispositivos de defensa personal, y medicamentos sujetos a receta no son equipo de preparación; tenerlos sin cumplir la normativa es un problema legal añadido al que ya tengas. La preparación legítima es agua, comida, luz, salud, papeles y plan.

Si compras online, tus derechos

Casi todo este material se compra por internet, así que conviene tener claro el marco. En compras a distancia tienes 14 días naturales para desistir sin dar explicaciones, contados desde que recibes el producto (arts. 102-108 del RDL 1/2007), y puedes abrirlo y comprobarlo como lo harías en una tienda física: una tienda no puede exigir que esté precintado y en su embalaje original para aceptar la devolución, y las cláusulas que lo dicen no son válidas. La excepción razonable son los bienes fabricados a medida o personalizados (art. 103.c). Por separado, la garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega para los productos comprados a partir del 1 de enero de 2022 (RDL 7/2021): si el filtro viene defectuoso o la linterna deja de funcionar por un defecto, eso se reclama al vendedor, no al fabricante. Guarda la factura o el correo de confirmación, que es el documento que acredita la fecha.

Y un criterio de compra al margen de la ley: desconfía de cualquier producto que prometa resolverlo todo en una caja, de las caducidades imposibles sin explicación, de las autonomías y capacidades que el fabricante no publica en su propia ficha, y de las ofertas con cuenta atrás. Lo que necesitas está en la lista de la compra normal, y el material específico —filtro, radio, linterna frontal, hornillo— es barato y aburrido.

Cómo sigue esto

Cuando tengas las 72 horas cerradas y probadas, el siguiente escalón es la semana, y después ya no es material: es formación y comunidad. Un curso de primeros auxilios, leer el plan de emergencias de tu municipio para saber qué riesgos tiene tu zona y dónde están los puntos de reunión previstos, conocer a tus vecinos, y revisar el plan una vez al año. Ahí es donde está el resto del resultado. Si quieres seguir por el lado del equipo, tenemos más guías en el blog y las categorías de material en la tienda; si necesitas preguntarnos algo concreto, escríbenos desde contacto. Para ampliar por temas, el apagón prolongado y el protocolo ante un incendio forestal son dos buenos siguientes pasos.

Preguntas frecuentes sobre preparacionismo

¿Qué es el preparacionismo y en qué se diferencia del survivalismo?

El preparacionismo es organizarse para que una interrupción de los servicios básicos —luz, agua, carretera, suministro de alimentos— no te deje sin margen de maniobra durante unos días. El survivalismo, tal y como se usa el término, mira más hacia la vida en el monte y las técnicas de campo. En el preparacionismo doméstico el escenario es tu casa: reservas ordenadas, rutinas de rotación y un plan familiar acordado. No requiere búnkeres ni escenarios extremos.

¿Cuánta agua hay que guardar en casa para 72 horas?

La referencia de planificación que se usa habitualmente es del orden de 2 litros de bebida por persona y día, y algo más si cuentas cocinar y una higiene mínima. Para tres días y una familia de cuatro personas eso deja una reserva de unas dos o tres garrafas grandes por persona. Conviene repartirla en varios envases cerrados de origen, guardarlos a oscuras y lejos de fuentes de calor, y anotar la fecha para rotarlos.

¿Cada cuánto hay que rotar el agua y la comida de reserva?

El agua envasada se rota consumiéndola y reponiéndola con la compra habitual; si usas garrafas rellenadas en casa, el intervalo tiene que ser mucho más corto y el envase debe estar limpio. La comida se rota por fecha: lo que entra va detrás y lo que está más cerca de caducar se usa primero. Si la reserva es comida que ya comes, la rotación ocurre sola y no hace falta un recordatorio en el calendario.

¿Se puede usar un hornillo de gas o una barbacoa dentro de casa si no hay luz?

No. Cualquier aparato de combustión —hornillo de gas o alcohol, barbacoa, brasero, calefactor de gas sin salida de humos, generador— produce monóxido de carbono, que no huele ni se ve y que en un espacio cerrado puede llegar a concentraciones peligrosas en poco tiempo. Los generadores van siempre en el exterior y alejados de ventanas. Para un hornillo, ventilación cruzada real y nunca dejarlo encendido sin vigilancia ni para calentar la habitación.

¿Hace falta un generador para un apagón en un piso?

En un piso, casi nunca. Un generador de combustión necesita un exterior donde funcionar, combustible almacenado y mantenimiento, y en un edificio raramente se cumplen esas tres cosas. Para un apagón de horas o días en un piso resuelven más una linterna de cabeza por persona, pilas de repuesto, una batería externa de buena capacidad y una radio a pilas. Una estación de energía portátil con baterías puede tener sentido si hay un aparato médico que depende de la corriente.

¿Qué radio sirve si se cae la red móvil?

Una radio que reciba FM y, si puede ser, AM, alimentada por pilas y con dinamo o panel solar como respaldo. Su valor no es la tecnología, sino que funciona cuando el móvil no tiene cobertura ni batería: los avisos de emergencia y las instrucciones de las autoridades se difunden también por radio convencional. Comprueba que sintoniza en tu casa y guarda pilas de su formato, no de otro.

¿Por dónde empiezo si vivo en un piso pequeño sin trastero?

Empieza por lo que ocupa poco y resuelve mucho: una linterna de cabeza por persona con pilas, una batería externa cargada, un botiquín compacto, la medicación habitual con margen, copias de los documentos y algo de efectivo. El agua es lo que más estorba: guarda las garrafas debajo de una cama, detrás del sofá o en el fondo de un armario alto, y compensa el poco volumen con un filtro pequeño y pastillas potabilizadoras.

¿Cuánto dinero hay que gastarse para empezar a prepararse?

No hay una cifra correcta, y el orden importa más que el importe. Lo razonable es repartir el gasto en varios meses y no comprar nada de la segunda fase hasta cerrar la primera: agua, luz autónoma, comida de tu despensa habitual y botiquín. Buena parte del resultado se consigue con cosas que ya tienes en casa reorganizadas, así que conviene hacer inventario antes de comprar.

¿Qué pongo en la mochila de evacuación y cuándo tiene sentido usarla?

Tiene sentido si vives en una zona con riesgo de inundación, cerca de monte con riesgo de incendio o en un sitio del que podrían pedirte salir con poco margen. Dentro: documentos y copias, medicación, agua para el trayecto, comida que no necesite cocinarse, linterna, cargador y batería, una muda, abrigo y chubasquero, efectivo pequeño y las llaves. Debe poder cargarse con una mano y andando, así que el límite lo pone tu espalda, no la lista.

¿Puedo devolver un kit de emergencia comprado por internet si lo he abierto?

Sí. En compras a distancia tienes 14 días naturales para desistir sin dar explicaciones (arts. 102-108 del RDL 1/2007) y puedes abrir y comprobar el producto como lo harías en una tienda física; la tienda no puede exigir que esté precintado y en su embalaje original. Además, la garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega (RDL 7/2021). Las cláusulas que dicen lo contrario no son válidas.

¿Qué material no hace falta comprar?

Todo lo que compras antes de tener agua, luz y un plan: machetes, chalecos tácticos, raciones militares caras, kits precintados que nunca vas a abrir, filtros gigantes para un piso de sesenta metros. Tampoco hace falta nada de uso regulado: armas, ciertos sprays de defensa y medicamentos sujetos a receta no son material de preparación, son problemas legales. Y desconfía de cualquier producto que prometa resolverlo todo en una caja.

¿Cómo adapto la preparación si hay niños, personas mayores o mascotas?

Cada caso añade una dependencia concreta y todas son previsibles. Con niños: comida que acepten, agua, higiene, una linterna propia y algo que les entretenga a oscuras. Con mayores: medicación con margen, informe médico resumido, gafas y audífonos con pilas de repuesto, y el plan explicado sin prisas. Con mascotas: pienso y agua aparte, transportín accesible, correa, y la cartilla con la identificación por si hay que salir de casa.

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